Embalar y montar la cocina en una mudanza de Santa Coloma de Gramenet

Embalar y montar la cocina en una mudanza de Santa Coloma de Gramenet

La cocina es la habitación que más tarda en embalarse y la primera que hace falta en el piso nuevo, y por eso se trata aparte del resto de la casa. Explicamos el orden completo, del último plato guardado a la nevera enchufada y la cafetera en su sitio. Con el embalatge de vaixella como parte más delicada de toda la jornada.

Por qué la cocina se embala la última en una mudanza de piso

Su calendario va al revés que el del resto de la casa. Se usa hasta la noche anterior, porque hay que comer y fregar, y se necesita desde el primer minuto en el destino, porque también hay que comer allí. Ese doble requisito la coloca al final de la lista de embalaje y al principio de la de descarga. Si se envuelve con el resto de estancias, la familia acaba una semana comiendo de pie y buscando un vaso entre veinte cajas iguales.

Lo práctico es hacerlo en dos tiempos. Una primera tanda, días antes, con todo lo que no se toca a diario: la vajilla buena, las fuentes de horno, los electrodomésticos que se usan de mes en mes, las especias repetidas y la despensa de fondo. Una segunda tanda, la misma víspera, con lo imprescindible del día a día. El frigorífico se vacía y se desconecta con horas de antelación suficientes para que descongele y escurra, con la puerta entreabierta y un paño debajo.

Vajilla, cristalería y pequeño electrodoméstico: el embalaje que aguanta el viaje

Los platos viajan de canto, colocados como los discos de una estantería, y nunca apilados en horizontal: apilados se parten por el centro con el primer bache, de canto aguantan el peso repartido en el borde. Entre unidad y unidad va una hoja de papel arrugada. Las copas y los vasos se rellenan de papel por dentro antes de envolverlos por fuera, uno a uno, y se colocan de pie. Las cajas de menaje se llenan hasta arriba, para que nada se mueva dentro.

El pequeño electrodoméstico tiene sus manías. La cafetera se vacía por completo, incluido el depósito, y se seca antes de guardarla. Cada cable se recoge y se ata a su aparato, que es lo que impide acabar con un cajón de cables huérfanos en el piso nuevo. Si conservaste las cajas originales de la batidora o el robot de cocina, son el mejor embalaje posible. Para lo demás hay cajas de varios tamaños, papel, plástico de burbuja y fundas.

Nevera, lavadora y horno por una escalera estrecha del Fondo

Cada aparato grande pide su preparación. La lavadora necesita los tornillos de transporte puestos, y si se perdieron hace años, hay que sujetar el tambor de otro modo para que no golpee contra la carcasa durante el trayecto. La nevera viaja de pie y, una vez colocada en el piso nuevo, conviene esperar unas horas antes de enchufarla, para que el aceite del compresor vuelva a su sitio. El horno y la vitrocerámica se protegen sobre todo por el cristal, que es lo que se rompe.

Bajarlos por una escalera estrecha del Fondo o de Santa Rosa es cuestión de correas y de dos personas coordinadas, una arriba llevando el peso y otra abajo guiando en los giros. Cuando el tramo hace ángulo cerrado y el aparato es alto, forzar el giro pone en riesgo tanto al equipo como a la finca. En esos casos se saca por la ventana o el balcón con elevador, que resuelve en unos minutos lo que por dentro sería una maniobra larga.

Muebles altos y bajos: cuándo se desmontan y cuándo viajan enteros

Lo primero es distinguir qué mobiliario de cocina se lleva y cuál se queda con la vivienda, porque no siempre está claro y conviene tenerlo hablado con el propietario o con el comprador antes del día de carga. De lo que viaja, los módulos altos suelen desanclarse de la pared enteros, ya que son cajas cerradas y ligeras que pasan bien por la escalera. Los bajos que llevan encimera se desmontan por módulos, separando primero el tablero.

Los herrajes de todo eso van etiquetados por módulo, igual que en cualquier otro mueble, y las bisagras de las puertas se retiran solo si es necesario para el paso. Una parte del trabajo no la hace el equipo de mudanzas: la desconexión y la conexión de agua, de gas y de la campana extractora corresponden al instalador que tenga cada cosa, y se coordina con la fecha de carga para que no quede un aparato desconectado esperando dos días.

La cocina, en funcionamiento la misma tarde

En destino el orden se invierte respecto al embalaje. Primero entran los módulos y se colocan en su hueco, después la nevera en el suyo, y solo entonces se sube el pequeño electrodoméstico. La vajilla es lo último, cuando los armarios ya están limpios por dentro y secos, porque guardarla antes obliga a sacarla otra vez. Es un cuarto de hora de limpieza que ahorra una tarde de doble trabajo.

El objetivo declarado de esa secuencia es que se pueda cocinar y fregar esa misma tarde, aunque el resto de la casa siga con las cajas cerradas y el salón lleno de bultos. Poder hacerse un café y cenar en la mesa cambia por completo la sensación del primer día. Las conexiones de agua y gas quedan a cargo de quien corresponda, y se dejan avisadas con antelación para que coincidan con la descarga.

La caja del primer día: lo que se busca en cuanto llega el camión a Riu Sud

Hay una caja que se prepara aparte y que hace más por la primera noche que ninguna otra. Dentro van la cafetera, dos vasos, un par de platos, cubiertos para todos, un cuchillo que corte, sal, aceite, papel de cocina, bolsas de basura, una bayeta y un poco de jabón. No es una lista larga; es exactamente lo que se busca a las dos horas de haber llegado, cuando abrir cajas al azar resulta desesperante.

Esa caja se rotula bien visible por los cuatro lados, se carga la última y se coloca junto a la puerta del camión, para que baje la primera. En un piso de Riu Sud o de Safaretjos, con acceso cómodo desde la C-31 y el vehículo aparcado cerca del portal, está arriba en dos minutos. Si quieres que repasemos contigo el guion completo de tu cocina, llámanos al 629 501 941 o escríbenos desde contacto.

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